
— El País, 2 de mayo de 2011 —

— El País, 2 de mayo de 2011 —

— El País, 23 de abril de 2008 —

— El País, 23 de abril de 2007 —

— The New Yorker, 18 de octubre de 2010 —
Dado que mi opinión sobre Carlos Boyero y alrededores es conocida por todo aquel incauto que se haya paseado por este blog, eludo redundar sobre lo ya verbalizado tiempo atrás para, en esta ocasión, centrarme en un descubrimiento reciente.
El pasado 8 de marzo, entre cacofonía y cacofonía, lancé un interrogante al océano de Twitter: «¿Alguien sabe cuándo fue la última vez que Carlos Boyero publicó una crítica de 972 palabras (5.914 caracteres)?», pregunté entonces sin esperar precisa respuesta. La pregunta emergió tras la lectura de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (II), la pretendida crítica cinematográfica que Carlos Boyero publicaba ese día en las páginas de El País. Este lector se topaba así con un nuevo capítulo de las tribulaciones de Carlos Boyero.
Aquella pregunta surgió de una curiosidad, la mía. Curiosidad ante una página cuya maquetación parecía buscar y conceder más espacio del habitual. Curiosidad que me llevó hasta la hemeroteca digital de El País, lugar donde encontré más información de la que buscaba. «¿Alguien sabe cuándo fue la última vez que Carlos Boyero publicó una crítica de 972 palabras (5.914 caracteres)?» Respuesta: Carlos Boyero, en su etapa en El País, jamás había publicado una crítica de 972 palabras. Dicho de otro modo, Los amantes pasajeros tiene el sombrío honor de ser la película a la que más espacio ha dedicado Carlos Boyero desde que el 19 de octubre de 2007, con la crítica Tan cierto como endeble, cambiara a Pedro José Ramírez Codina y alrededores por Javier Moreno Barber y alrededores.
El dato podía quedarse en anodina anécdota, pero la anécdota (o casualidad), en contraste con la totalidad de los datos encontrados, bien podría considerarse revelación (o intencionalidad). Y es que tras registrar una a una todas las críticas que descansan en el archivo del periódico que tan bien remunera la negligencia y los desmanes de Carlos Boyero, sintomáticos silencios incluidos, se alza una concluyente conclusión: nadie estimula tanto su escritura como (la obra de) Pedro Almodóvar.
Desde que Carlos Boyero desembarcara en El País, tres han sido las películas de Pedro Almodóvar que se han estrenado en España: Los abrazos rotos (2009), La piel que habito (2011) y Los amantes pasajeros (2013). Cada uno de esos largometrajes contó con su atención pública y publicada, es decir, con su crítica. Tres estrenos, tres críticas: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (18 de marzo de 2009), ¿Horror frío? No, horror grotesco (2 de septiembre de 2011) y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (II) (8 de marzo de 2013). Que esos tres textos se mueven entre el territorio de la invectiva y los lugares comunes de su escritura (ese Godot…) es algo sabido por todos los interesados en la materia. Lo que no todos sabíamos es que, intencionadas casualidades de la vida, esas tres críticas son las más extensas que Carlos Boyero haya firmado nunca en El País. Es más, son las tres críticas cinematográficas más extensas que nadie (Jordi Costa y Javier Ocaña incluidos) haya publicado en El País desde su rediseño (21 de octubre de 2007). La hemeroteca está ahí para quien quiera comprobarlo.
Es por ello que Los abrazos rotos (925 palabras, 5.645 caracteres), La piel que habito (931 palabras, 5.815 caracteres) y Los amantes pasajeros (972 palabras, 5.914 caracteres) tienen el sombrío (y creciente) honor de copar el pódium del esfuerzo de Carlos Boyero. No son solo las tres más dilatadas, sino las únicas críticas cuyas extensiones superan las 900 palabras, los 5.500 caracteres. Las únicas. Tras ellas, las 853 palabras y los 5.237 caracteres dedicados a Leones por corderos allá por noviembre de 2007. Y tras Mejores intenciones que lenguaje, más de un centenar de críticas insertadas en la siguiente horquilla: entre las 311 y las 796 palabras, entre los 1.847 y los 4.777 caracteres. ¿Extensión media aproximada de las críticas firmadas por Carlos Boyero? 562 palabras, 3.447 caracteres.
Puestos los números sobre la mesa, ¿podemos explicar desde parámetros exclusivamente cinematográficos la inusitada y sistemática atención que provoca (el cine de) Pedro Almodóvar en Carlos Boyero? No, no podemos. Y no podemos porque, en este caso, los argumentos periodísticos intrínsecos de toda cabecera, línea editorial incluida, no concuerdan con los hechos contrastables, es decir, con lo publicado, de ahí que resulte harto difícil no inferir motivaciones personales de por medio. Sí, motivaciones personales, tanto privativas como compartidas. ¿Compartidas con quién? Con Borja Hermoso, incansable compañero de fatigas de Carlos Boyero y, casualmente, redactor jefe de Cultura de El País desde octubre de 2007. Su aquiescencia profesional, cuando no su motivación directa, es una variable sin la cual no entenderíamos el porqué las películas de Pedro Almodóvar son las únicas de todo el espectro de la cartelera española que, 281 viernes después de aterrizar en la redacción de El País, merecen una crítica de más de 900 palabras (destructivas, en este caso). Tal excepcionalidad en el desahogo, que no en el análisis, está reservada para la obra de Pedro Almodóvar. (Nota. Por trazar cinco comparaciones entre docenas, ¿cuánto espacio han merecido los trabajos de, por ejemplo, Kathryn Bigelow, Clint Eastwood, Michael Haneke, Abbas Kiarostami o Steven Spielberg? Pues 663, 470, 623, 474 y 535 palabras, respectivamente.)
Es aquí cuando uno puede echar la vista atrás, deambular por los pliegues de El Mundo y releer la Tarjeta de felicitación para Pedro Almodóvar que Borja Hermoso publicara el 26 de septiembre de 2005. Cruzado el Rubicón, meses después llegaría una segunda carta abierta, dando por bueno que no hay descortesía sin insolente cortesía. Es aquí cuando uno puede echar la vista atrás, rebuscar en el archivo de El País y recrearse con el impagable documento audiovisual que nos regalaron Carlos Boyero y Borja Hermoso el 19 de mayo de 2009. Una cámara, dos hermanos, 235 segundos para la historia contemporánea del periodismo cultural en España. Es aquí cuando uno puede echar la vista atrás, detenerse en cierta entrevista digital del 21 de mayo de 2009 y memorizar una frase: «No me interesa ni el presente ni el futuro de Almodóvar. Sí algunas películas que ha hecho en el pasado, pero no muchas». Es aquí cuando uno puede echar la vista atrás, visitar el blog de Pedro Almodóvar y zambullirse de nuevo en la extensa crónica negra que publicara el 26 de mayo de 2009. Nacida de un arranque de dignidad o de soberbia (las opiniones al respecto están polarizadas), esa crónica, que no dudaba en hundir sus raíces tanto en lo personal como en lo profesional, trajo consigo un antiestético —¡Comic Sans!— y significativo mensaje «sin fisuras» por parte del Comité de Redacción de El País, lo que originó una segunda crónica y unas notas a la defensora del lector por parte del aludido. Es aquí cuando uno puede echar la vista atrás, toparse con otra entrevista digital y comprobar cuál fue la respuesta de Carlos Boyero: «Como saben, sigo sin disponer de ordenador. Y a pesar de mi enemistad con la técnica, he aprendido a apagar el móvil, pero inevitablemente me han contado hasta el extenuamiento las catilinarias del sublime Almodóvar contra mi pobre persona. Lo que más envidio de él es que disponga de tanto tiempo libre para dedicarme un día sí y el otro también infinitos folios. Yo con uno tendría suficiente para referirme a su insufrible personalidad. Y si me pidieran 30, tendrían que pagarme una fortuna por labor tan desagradable. La farmacología y todo tipo de tisanas alivian mis cada vez más infrecuentes ataques de nervios, egolatría delirante y demás desórdenes anímicos. Pero cada uno intenta curarse como puede. Por supuesto, jamás se me ha ocurrido exigir a los jefes la cabecita de los que me critican. Llevo toda mi vida sufriendo amenazas, querellas, intentos de cerrar durante un tiempo o a perpetuidad mi incómoda boquita. Como ven, todavía me queda la palabra». Es aquí cuando uno puede echar la vista atrás…
Llegados a este punto, los intereses espurios se entrelazan con los insoslayables intereses del mercadeo cultural, dando como resultado una paradoja de la que no todos se salvan. ¿Por qué prestar tanta atención informativa y calificativa a unas películas que, según el gusto de quien sentencia y de quien alienta esas sentencias, no merecen tal atención? (Nota. Aludimos al gusto, y no al criterio que nace de la reflexión, pues Carlos Boyero tiene muy claro que la crítica «es cuestión de gustos», manifestando asimismo que él escribe «exclusivamente a partir de la memoria y de las sensaciones».) Una posible respuesta a la paradoja: porque Hamm y Clov, amo y esclavo que se profesan un recíproco desafecto, requieren del otro para seguir arrastrando sus vidas.
La expresiva analogía es obra de Luis Martínez, quien se apoya en Samuel Beckett y su Fin de partida para moldear Oler la sangre de Almodóvar, provechosa reflexión tan carente de nombres propios (¿Perro no come perro?) como cargada de sobrentendidos (¿Perro sí come sombra de perro?). Hamm y Clov, Clov y Hamm, dos personajes unidos por la necesidad y por su complacencia ante la desgracia ajena, o cómo el irresoluble enfrentamiento deviene en malsana convivencia.
Y la rueda sigue girando, por supuesto.
El 7 de octubre de 2010, en medio de la nada, nació este blog, un espacio donde las palabras de Jim Kurring, el rostro de Claudia Wilson Gator y el Save Me de Aimee Mann hicieron las veces de carta de presentación. Hoy, 20 de enero de 2013, en medio de alguna parte, este cuaderno de notas compuesto ya por 172 páginas —con la actual entrada, 173 páginas— ha alcanzado las 50.000 visitas, cifra harto ridícula al lado del normal discurrir de cientos de blogs en todo el mundo, pero lo suficientemente redonda como para hacer un alto en el camino. Un alto en el camino para mirar atrás… y para agradecer el interés de todos aquellos que cruzaron alguna vez el umbral de esta puerta. Gracias, gracias, gracias.
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Las 10 entradas más leídas (tras 50.000 visitas):
— Nacho Carballo dixit
— Carlos Boyero y alrededores
— Cahiers du cinéma. España | 50 reflexiones
— Drive (Scorpio Rising) Jacket
— Sight & Sound: The Greatest Films of All Time
— Terrence Malick: Film and Philosophy
— elBulli 2011: comer, pensar, gozar
— Sight & Sound: España establece su canon
— Vive la France!
— Agudeza visual
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Esta puerta permanece y permanecerá abierta.

En su sección web de Opinión, El País establece un listado textual y visual con las firmas que «el periódico global en español», otrora «diario independiente de la mañana», considera como suyas: 96 hombres y 11 mujeres que suman 107 nombres propios con —asumo— voz propia.
Cuando se cumple un mes y un día del anuncio oficial de la presentación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que acechaba desde abril, cuando se está celebrando la primera de las tres jornadas de huelga que aprobó el 92,63% de los trabajadores de El País que votaron el pasado 31 de octubre, cuando ciertos silencios internos resultan más atronadores que las reivindicaciones de la mayoría, propongo un juego de agudeza visual (con permiso de Forges): averiguar en menos de 107 segundos cuántas de las 107 firmas de opinión de El País han opinado sobre el sombrío devenir de El País.
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A las reprobaciones protagonizadas por Miguel Ángel Bastenier, Joaquín Estefanía o Soledad Gallego-Díaz, ayer se sumó una carta remitida al comité de redacción. Un grupo de 28 intelectuales ligados al periódico, 17 de los cuales (Julián Casanova, Jorge Edwards, Almudena Grandes, Elvira Lindo, Diego Manrique, Javier Marías, Reyes Mate, Rosa Montero, Josep Ramoneda, José María Ridao, Manuel Rivas, Fernando Savater, Maruja Torres, David Trueba, Mario Vargas Llosa, Vicente Verdú y Manuel Vicent) integran el listado oficial de firmas aquí expuesto, manifestaron por escrito su «inquietud y malestar por los casos de censura que ha denunciado el comité profesional en los últimos días, vinculados al ERE que afectaría a un tercio de la plantilla». Y añadieron: «creemos que estos episodios suponen un paso más en el deterioro de los valores fundacionales de un diario crucial para las libertades y la democracia española». Ese «un paso más» implica que antes hubo otros pasos, como bien sabe Ignacio Echevarría. Y quien dice Ignacio Echevarría, dice Enric González. Y quien dice Enric González, dice Santos Juliá. Y quien dice Santos Juliá, dice…
Dejando al margen a los caciques de la «ludopatía bursátil» (en este caso, Juan Luis Cebrián y Nicolas Berggruen), así como al desaparecido Gregorio Peces-Barba, ¿nadie más se anima a significarse públicamente? ¿Nadie? ¿Ni siquiera aquellos que aseguran estar más concienciados que nadie (pienso, por ejemplo, en Juan José Millás)? ¿Ni siquiera aquellos que aseguran ser más libres que nadie (pienso, por ejemplo, en Carlos Boyero)? Está bien que así sea, pues cada uno es dueño de sus actos. Eso sí, alguien debería recordarles a los que han optado por silenciar apoyo alguno que el compromiso, como el movimiento, se demuestra andando… y que las felonías no todos son capaces de olvidarlas.
Efeméride del 19 de octubre de 2007: con el desembarco de Carlos Boyero, ese personaje que desprecia cuanto ignora, la dirección de El País oficializa en portada su desinterés por el cine como expresión artística. Desde entonces hasta ahora, apenas hay espacio para aquello que no sea Carlos Boyero y alrededores.