Ali en la lona

Por un momento pareció que Ali le había dado la vuelta al combate. En el décimo dio la misma impresión. Entonces los reporteros se apresuraron a reescribir la historia, una historia en la que Ali ya no era el Príncipe mágico destronado que se había derrumbado ante la primera confrontación real de su vida, sino el más grandioso Campeón de los Pesos Pesados de todos los tiempos al haber salido bien librado de un purgatorio llamado Joe Frazier.

Pero en el undécimo esa historia también se rompió en pedazos. Frazier lo llevó a su terreno, una y otra vez lo llevó a su terreno, y Ali estuvo a punto de ser noqueado, barrido y arrastrado al callejón oscuro. Se pasó el resto del asalto y un larguísimo duodécimo escarbando el fondo de otro infierno, intentando mantener apartado a Frazier, que insistía e insistía, profiriendo sordos lamentos, salvaje, con el salvaje honor de una bestia, un hombre libre reducido al común denominador de la voluntad que todos conservamos en algún lugar, ahí, en ese territorio animal donde la noción del hombre como bestia de carga se concibió por vez primera. Frazier intentó rematar a Ali en el undécimo y en el duodécimo. Y Ali, sobado y masajeado en las pantorrillas por Angelo Dundee durante los descansos entre cada asalto, salió a pelear el decimotercero, y, para sorpresa de todos, lo hizo bailando. La historia volvía a cambiar. Pues si Ali ganaba este asalto y el decimocuarto y el decimoquinto, ¿quién podría asegurar que no acabaría ganando el combate? Salió airoso en la primera mitad del decimotercero y se pasó la otra mitad contra las cuerdas. Ahora parecían dos colegiales corriendo enloquecidos hacia la muerte, trepando la colina de camino a casa. Con todo, Ali ganó el decimocuarto. Se le veía entero, y salió bailando al decimoquinto, mientras Frazier, habiendo reunido por fin sus ejércitos de energía, con toda su valentía preparada para escupir a la cara de cualquier demonio, blanco o negro, que quisiera arrebatarle el trabajo de toda una vida, tuvo la osadía y la demencia de robarle el fuego a Ali. Así que Frazier lanzó un puño para arrebatarle el golpe mágico, aquel golpe con el que Ali tumbó a Bonavena. Y lo encontró. Y mandó a Ali a los infiernos con un golpe celestial que puso a Muhammad en cincuenta mil fotografías de prensa: Ali en la lona. El Gran Ali en la lona impávido, cantándole a las sirenas en medio de las tenebrosas nieblas del callejón oscuro (con esa misma mirada de viudo muerto y la expresión ausente que le habíamos visto en el quinto asalto que peleó a ciegas contra Liston), y aun así se levantó, se deslizó a lo largo de los dos minutos y treinta y cinco segundos que le quedaban de infierno, en un último ejercicio de la voluntad, logrando que se mantuvieran en pie los fundamentos de hierro de su ego que indicaban que el Gran Ali no podía ser noqueado. Y entonces fue como si el espíritu de Harlem finalmente se hubiera manifestado y hubiera acudido en su rescate, como si los fantasmas de los muertos en Vietnam, o quién sabe qué, hubieran conseguido mantenerlo en pie frente a un exhausto y enloquecido Frazier, que acababa de conectar el mejor golpe de toda su vida. Así discurrieron los últimos segundos de una gran pelea, con Ali en pie. Frazier había ganado.

En ese mismo instante, el mundo empezó a hablar del combate de revancha. Pues Ali acababa de demostrarle a América lo que en secreto todos esperábamos que fuera verdad. Que era un hombre. Que podía soportar la tortura física y mental y, aun así, seguir en pie. Y que si lograba vencer a Frazier en la revancha tendríamos al fin a un auténtico héroe nacional y mundial. ¿Y quién podrá soportar la espera? Joe Frazier, vigente campeón, un gran campeón, declaró ante la prensa: «Amigos, tened piedad conmigo y dejadme vivir un poco. He trabajado duramente diez largos años para llegar aquí». Y Ali, obligado a hablar a través de su álter ego Bundini, pues en ese momento estaba de camino al hospital por una posible fractura de mandíbula, dijo: «Preparad las armas. Pronto pondremos las trampas». ¡Por todos los diablos! ¡¿Podrá América soportar la espera de algo tan grandioso como el segundo combate Ali-Frazier?!

Norman Mailer
King of the Hill
1971


Norman Mailer
En la cima del mundo
Madrid, 451 Editores, 2009, págs. 116-119
Colección «451.http.doc» S/N
Traducción de Juan Sebastián Cárdenas
ISBN: 978-84-96822-67-2
MUHAMMAD ALI: THROUGH THE EYES OF THE WORLD
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