18 votos a favor, 20 en contra. La Comisión de Economía y Hacienda del Congreso votó ayer la supresión de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible. Esta supresión implica que la denominada ley Sinde finaliza su recorrido… por el momento, pues la Ley de Economía Sostenible pasa ahora al Senado, donde el PSOE podría incluir en forma de enmienda la disposición ayer rechazada. Y en caso de recibir los apoyos necesarios que ayer le negaron (nunca digas nunca jamás), el contenido de la ley Sinde regresaría al Congreso, integrando nuevamente una Ley de Economía Sostenible que entonces será valorada por los 350 diputados que ocupan los 350 escaños del Congreso, momento donde se impondrá el voto de partido. Viajes de ida y vuelta sin un final de trayecto aún claro.
Lo que ya sabemos hoy es algo que anunciaron ayer no pocas empresas: su esperanza de vida pasa irremediablemente por la aprobación de la ley Sinde. Así se desprendía del mensaje compartido en sus respectivas páginas web: «Esta distribuidora desaparecerá y X personas se irán a la calle en breve si no se aprueba con urgencia una ley que nos proteja contra las descargas ilegales y la piratería». Un mensaje contundente, sombrío, teatral. «Se irán a la calle», anuncian. «En breve», aseguran.

Tras los 21 afectados iniciales, desde Alta Films hablaron de 235 personas que «se irán a la calle en breve». En el caso de Avalon, 17 personas. En el caso de Cameo Media, 9 personas. En el caso de Divisa Home Video, 60 personas. En el caso de Emon, 56 personas. En el caso de Karma Films, 12 personas. Y en el caso de Versus Entertainment, 10 personas. Siete lamentos y 399 personas entre miles. De hecho, la Asociación de Empresas del Vídeo aglutina todas las amenazas del sector: «Esta asociación, más de dos mil empresas y miles de trabajadores se irán a la calle en breve si no se aprueba con urgencia una ley que nos proteja contra las descargas ilegales y la piratería».

La letanía, presentada como si de un axioma se tratase, truena sin matices: si no hay ley, un sinfín de empresas desaparecerán para siempre. En este contexto, tosco y grotesco, Intermedio sigue pausadamente a lo suyo. Ignoramos las causas, pero no se oyen lamentos desde allí. Ignoramos las causas, pero alzamos una hipótesis: en Intermedio confían en la palabra dada. Por ello, en caso de que el Senado también rechace toda reformulación de la ley Sinde, «más de dos mil empresas» cerrarán. Y ese día, el día que todos hayan cumplido su palabra, Intermedio, como el dinosaurio de Augusto Monterroso, seguirá ahí… incrédulo ante lo que verán sus ojos, pues la competencia habrá conseguido que su artesanal quehacer empresarial acabe en monopolio.




